El último y me voy
Aquí tenéis el mini relato de este viernes, del que ya os lancé una pista en mi Instagram (@claudiatevarcrespillo). Como habréis podido adivinar por el título de la entrada, este es el último relato del año. No sé si volveré a publicar en el blog, pero quiero daros las gracias por haberlo leído durante estos dos años (74 relatos), que se dice pronto. Y eso que me dijeron que los blogs eran del 2000. De verdad, muchísimas gracias. Me siento súper afortunada por haber creado esto, no en vano, y lo recordaré siempre con muchísimo cariño. Dejo de publicar porque ya no tengo tiempo. Doy paso a una nueva aventura que me va a absorber para dar un paso más en este mi oficio de escribir. Con suerte, o trabajo, o los dos, en lugar de leerme en el blog, me leeréis con las manos y me guardaréis en una estantería.
¡Eso sí! El blog, obviamente, seguirá abierto y podréis leer todos los relatos y comentar si os apetece. Yo os contestaré encantada. De hecho, lo espero 😊
Para vosotros, escrito con todo mi corazón y todo mi cariño,
Claudia Tevar Crespillo.
Posible título: Cuestión de educación
Ya
lo siento: el calor recorriéndome la espalda hasta las mejillas, pasando por el pecho. No me hace falta un espejo para saber que estoy roja como una flor de Pascua.
Achico el mentón, aprieto con fuerza las muelas y escondo los labios evitando
escupir mi juicio. Tengo la sensación de que unas pulgas se divierten entre las
capas de mi piel. Me pica todo el cuerpo. Cierro los puños para evitar acabar con
lo que tengo enfrente. El caracol del oído intenta esconderse en el cerebro.
Ojalá llevara conmigo los tapones. Los he dejado en casa a propósito, porque
estoy en proceso de sobrellevar las tormentas de saliva que genera la gente.
Pero ahora he arrugado la frente, he fruncido el ceño y estoy a punto de abrir
paso a lo que pienso. Lo peor ha llegado: las pulsaciones. Señal de peligro, señal de aniquilar. Miro hacia la tormenta que ha originado
la persona delante de mí. No dejo de clavarle los ojos, esperando una
redención que no llega. Observo a mi alrededor para calcular cuántas personas tengo
cerca. Estimo la probabilidad de que ninguna me oiga. Somos tres en la cola del
supermercado y apenas cuatro dando vueltas por los pasillos. ¿Se lo digo o no
se lo digo?
Se
lo digo. Claro que sí.
―Disculpe,
¿le importaría mascar sin hacer ruido?
¿Qué os ha parecido? ¿Qué título le pondríais vosotros? Además, si os ha inspirado a escribir algo relacionado, o no, ¡ponedlo en los comentarios! ¡Os leo!
Gracias❤️
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